NOVELA CORTA DE GENERO MEDIEVAL

 

EL CAMINANTE

 

La blanca belleza de la heladez del invierno cubre todo hasta donde la vista alcanza. La luz de la luna pinta aquella noche de una tenue soledad, el viento parece susurrar palabras sin forma acompañando Así las pisadas de un hombre que camina con dureza pero sin poner en ello mucho esfuerzo, puesto que la fortaleza de su cuerpo le abre camino fácilmente. Tras una larga jornada al fin algunas luces anuncian un pueblo, el hombre fija aquellos ojos negros hacia aquel punto en el horizonte y sin mostrar emoción alguna se dispone a ir hacia él.

Al llegar al pueblo el hombre mira cuidadosamente a su alrededor, muy poca gente se ve fuera, es entonces que fija su mirada en un lugar muy particular, el hombre se dirige hacia ese lugar que es una taberna, al entrar lo recibe el cantinero.

– Sea bienvenido, pase y disfrute de nuestra mejor cerveza.

El cantinero observa a aquel hombre con mucho detenimiento, mira sus ropajes obscuros así como la capucha negra que cubre su cabeza. Al sentir aquella mirada el hombre baja su capucha y deja a la vista aquellos cabellos negros ligeramente ondulados, su rostro luce joven y agradable, su piel pálida contrasta con sus ojos negros y profundos, que dan una sensación de confianza y se muestran amigables. Así mismo el cantinero observa partes de acero entre mezcladas con sus ropajes y una espada fina. El hombre se percata de que lo sigue observando con detenimiento y le hace un gesto de confianza, esto provoca que el cantinero se apresure a guiarlo hasta una de sus mejores mesas.

La noche transcurre y con la tenue luz de aquellas velas el hombre fija su mirada en su vaso ya medio vacío, Perdido en sus pensamientos con un millar de preguntas puesto que no sabía nada, ni siquiera de sí mismo. No tenía recuerdo alguno, ni de su destino, ni de dónde venía, desconocía su propio nombre. Entre más divagaba en sus pensamientos más sufría. Aquellos lo reflejaba su rostro, intentaba con esfuerzo recordar cómo había llegado a ese camino helado del que venía, pues anterior a ese momento su mente estaba en blanco.

En ese instante un Anciano se acerco a él, y le hablo con un tono de voz muy calmado.

 – Dicen que se acerca una gran tormenta. Dicen que nuestro pueblo no será perdonado.

El hombre lo miro desconcertado.

 – ¿De qué está hablando?

El anciano le miro con aquellos ojos cansados y lagrimeados ya por la edad.

 – ¿De dónde vienes?

El hombre desvió su mirada, y no respondió. Cualquiera diría que simplemente giro la mirada pues no tenía por que responderle a un extraño, aunque él mismo era el extraño en aquel lugar, lastimosamente los ojos del hombre mostraron una tenue tristeza cargada de incertidumbre. El anciano noto aquel gesto, dejo salir un largo suspiro para después hablarle nuevamente.

 – Eres un caminante sin recuerdos. (Sonrió con lastima para sí mismo.) Así que los rumores eran ciertos.

El hombre le miro nuevamente pero aun más desconcertado y con cierta curiosidad.

 – ¿A qué rumores se refiere?, ¿acaso alguien le hablo de mi?, dígamelo por favor.

El anciano se dio media vuelta y se fue caminando mientras le contesto.

 – No busques lo que no quieres encontrar, goza tu momento de ignorancia que a veces reconforta.

El hombre sintió haber escuchado esa frase antes, una sensación fugaz, familiar y al mismo tiempo añeja como si el tiempo le hubiera parpadeado por un breve instante, la nostalgia lo envolvió.

 

La heladez se hacía más intensa conforme la noche avanzaba, el hombre sintió una necesidad por salir a caminar, tal vez buscaría donde quedarse, era lo más lógico de pensar, sin embargo aquella necesidad resguardaba algo más que él desconocía.

el hombre recorrió el pueblo mientras la obscuridad lo acompañaba, algunas personas que emprendían un viaje e iban saliendo del pueblo lo miraban con rareza. Pronto la luna se oculto, y una obscuridad total cubrió al pueblo.

El hombre sintió que aquella heladez nocturna le calaba hasta los huesos, convirtiéndose en una abrumadora pesadez, la sombra de una idea lo invadió en ese instante, una ligera corriente helada, una tenue vibración, susurros sin palabras que el extrañamente comprendía le llamaban, en eso sintió una presencia hostil detrás de él, así que se giro rápidamente desenfundando su espada, sin embargo no vio nada.

El tenue brillo del filo de su espada llamo su atención, puesto que era raro ante tal obscuridad, levanto lentamente su espada hacia su rostro hasta que sus ojos quedaron a la altura de su espada y se reflejaron en su hoja plateada, fue entonces que su expresión cambio rápidamente, sus ojos exclamaron abriéndose completamente pues en aquella hoja miro todo aquello que había olvidado, escena tras escena. Ahora sabía el significado de su llegada a ese pueblo y de lo que aquel anciano se refería. Todo ya era claro.

Copos de nieve empezaron a caer, y tras ello una gran tormenta, el hombre se quedo de pie observando como la nieve cubría el pueblo y como el hielo abrazaba todo aquello que estuviera a su alcance. Ahora recordaba que él era aquel caminante que sirve a la muerte como su mensajero. Todo aquel lugar al que el llegaba sería arrasado por alguna calamidad sin dejar nada vivo.

Una vez que toda vida fuera consumida por aquella tormenta el hombre olvidaría todo nuevamente y partiría hacia un nuevo destino. Aquellos ojos negros en donde se reflejaba aquel escenario, se cristalizaron dejando caer una lagrima, el hombre recordaba lo que alguna vez fue en vida, también podía sentir el vacío de aquellas personas, no todos adeudaban sin embargo igual pagarían.

 

El último copo de nieve cayó, los primeros rayos de sol se dejaron ver, aquel panorama era tan blanco y bello que difícilmente se creería que era el resultado de una gran desgracia. Sin más el hombre cerro sus ojos y lentamente caía en el vacío de su mente quedando como aquel escenario, se cubrió su cabeza con aquella capucha obscura, guardo su espada y comenzó a caminar. Conforme se alejaba de aquel lugar su silueta se desvanecía poco a poco en el horizonte hasta que solo quedaron sus pisadas marcadas en aquel blanco manto.

 

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